sábado, 1 de diciembre de 2012

La Kina del Perú




Nunca antes una peruana fue campeona mundial de boxeo. Aquel deporte que por prejuicios se considera exclusivo de hombres, se oficializó en 1996. Tuvieron que pasar 13 años para que una compatriota  se suba al podio mundial. Todo un hecho histórico para un país atrasado en el ámbito deportivo. Su nombre es Kina Malpartida y esta es la crónica de lucha de una mujer que grabó el nombre del Perú en la  historia mundial.

Kina Malpartida Dyson nació el 25 de Marzo de 1980 en Lima, Perú. Es la actual campeona mundial de boxeo femenino en la categoría superpluma de la WBO obteniendo este título tras vencer a Maureen Shea. Actualmente ocupa el tercer puesto del ranking de la categoría.

Es hija de Óscar "Chino" Malpartida (ex-campeón peruano de surf) y de la modelo Susy Dyson. De pequeña empezó practicando karate a los seis años pero a los trece dio un giro a su rutina  para probar con el surf, deporte en el que acabó siendo campeona en algunos torneos de las categorías infantiles. Respecto a su vida académica, estudió en el colegio Franklin Delano Roosevelt del distrito de La Molina.

En su infancia y adolescencia vivió en el balneario de Punta Hermosa, al sur de Lima. A los 19 años viajó a Australia donde estudió administración de restaurantes. En ese país, a los 23 años, incursionó en el mundo del boxeo.

En el Madison Square Garden de Nueva York, Estados Unidos, 22 mil 292  personas son testigos de la pelea por el título mundial de boxeo femenino.  En una esquina, la extraña retadora de gran tamaño y de cabellos negros - una de las pocas en todo el estadio-. Los comentaristas logran pronunciar con dificultad: Kina Malpartida. En la otra, la campeona mundial estadounidese alentada por un mar de gente: Maureen Shea. La pelea comienza y el estadio ruge. Aquel día, una peruana domo el león americano y derrumbó a su campeona. Kina Malpartida se coronó campeona mundial.

Era 1999 y en el ámbito mundial del box, el Perú era un desconocido participante más. Mientras, una joven de apellido Malpartida emrumbaba a Australia en busca de sus sueños: Ser chef. Sí, Kina obtuvo el bachillerato de Administración de Restaurantes y Catering en la Griffith University del país de los canguros. Por cosas del destino, ella adquirió la tenacidad y fuerza de estos animales entrenando con un amigo suyo. Fue ahí que decidió dedicarse completamente al box. Y todo el Perú, 13 años después, se lo agradece.

Sin embargo, tratar de conseguir sus metas fue complicado. El box para mujeres no era muy aceptado y tenía poco apoyo. Además, se encontraba sola y la economía la limitaba.  Fue mesera y lavaplatos, entre otras actividades, para pagar el gimnasio y seguir boxeando. A esas alturas ya no tenía dudas, Kina era capaz de soportar todo tipo de penurias con tal de ser la nueva campeona  del mundo.

El día en el que selló su nombre en la historia, llegó. Era el 21 de febrero del 2009 y tenía en frente a un gran rival, pero ella ya se había enfrentado a las rutinas diarias; el público estaba en su contra, pero ella ya había enfrentado la discriminación en los gimnasios; en el primer round  tropezó y cayó, pero se levantó como alguna vez se levantó después de caer en el mundo de la adicción y las drogas. Aquel etapa que dejó atrás con el apoyo de sus padres y su rehabilitación en un centro psiquiátrico, según contó años después en una entrevista para un diario local.(*)

La señal del árbitro indicó el final de la pelea para Shea y el inició de la algarabía de un país que seguía nervioso la pelea. Kina subió a una esquina del ring y, con el título en brazos, alzó la mano para mostrar que ya había alcanzado su sueño: era la campeona.  "Este título es del Perú", fue lo primero que declaró.

Ya defendió el título cinco veces ante retadoras de Brasil, Reino Unido, Estados Unidos, Colombia y Thailandia. También, en símbolo de reconocimiento, ha recibido los Laureles Deportivos del país en el grado de Gran Cruz. Distinción merecida para una mujer que escribió su nombre en la historia mundial y que dejó al Perú en lo más alto. Porque cada vez que recordamos aquella hazaña, podemos pensar que el Perú si  está para grandes cosas. Kina Malpartida es un claro ejemplo de ello.

La boxeadora contó a los medios de comunicación que fue víctima de 'bullying' cuando era niña. Vaya cosas de la vida. Todo esto con referencia a la campaña ¡Alto al bullying! que se hizo en la capital.
'Sé lo que se siente ser maltratada. Me acuerdo que una vez cuando fui a jugar fútbol, otros niños se acercaron para pegarme. Y todo porque eran ‘pitucos’. Además, yo era la única mujer del grupo', comentó 'Dinamita Malpartida' en una entrevista a un diario local.

Además de ser la campeona mundial de boxeo femenino, Kina Malpartida ha decidido lanzar un libro autobiográfico en el cual contará su vida e inicios en el box. De esta forma, la exitosa deportista peruana se inicia en el mundo empresarial con su propia marca, denominada ‘Marca Kina’.

‘Va a ser una especie de biografía visual sobre mi vida en el boxeo, las peleas y cuándo conquisté el titulo. Todos los deportistas que conozco tienen una marca que va con su estilo y esa es mi idea, crear una marca que proyecte lo que quiero demostrar en el futuro’, dijo la boxeadora peruana.

Kina Malpartida además de alcanzar el título más importante del boxeo, ha protagonizado algunos spots publicitarios resaltando su imagen de deportista nacional.


Una mañana cualquiera



Era el domingo 24 de octubre del 2009, aproximadamente las dos de la tarde. Dentro de unas horas se jugaba el clásico del fútbol peruano: Alianza Lima versus Universitario de Deportes. Los barristas enardecidos desfilaban amenazantes por las calles de Lima. Mientras, María Vargas Ortiz se despedía de su familia para reunirse con sus amigas. Un grupo de barristas se dirigen al estadio causando desorden y robos. María Vargas se subió a una couster, y por esas cosas del destino, ellos también. Ella murió arrojada del carro por los delincuentes. Ya no importaba que un balón entre un arco. La fiebre del fútbol acabó con una vida.

No era un domingo cualquiera para María. Ese día vería, después de mucho tiempo, a sus amigos del colegio. Cómplices de travesuras y tareas, María y sus amigas planearon esta reunión desde hace tres meses. Cuándo María se despertó ese día,  tenía el domingo una reunión con sus amigas del colegio.

La despedida con sus padres esa mañana fue tan normal como las puestas de sol que vio María en toda su vida. Eran las 11 de la mañana y debía partir a casa de su amiga, le esperaba un almuerzo con personas que dejó de ver mucho tiempo. Paola siempre fue puntual, según cuentan sus amigos de la universidad.

Aquel domingo se jugaba un clásico lleno de emociones. Los archirrivales se verían una vez más los caras y desatarían una guerra sana con una pelota (esto quedo sobre papel, claro). Desde temprano se podía sentir el ambiente futbolero: Los señores en las esquinas rodeando los puestos de periódicos, conversaciones familiares sobre las preferencias de los equipos, los clásicos almuerzos familiares para disfrutar de un partido que hace vibrar a todo un país.

Paola caminaba a su paradero a tomar la combi que la dirigiría a su destino. Subió con seguridad a una combi. Nunca se lo imagino. Total, lo hacía todos los días para ir a la universidad, a su casa o a cualquier otro lugar, como cualquier otro “buen” limeño. La combi cruzaba el distrito de Ate y María miraba la ventana con tranquilidad. Estaba cerca del lugar fatal momento.

Era cerca de la una de la tarde y el ambiente se encendía más en Lima. De pronto, una turba de jóvenes causan temor en las calles. Cual gorilas salidos de una jaula, los individuos cruzaban gritando aliento a su equipo y corriendo como ardillas. Decidieron tomar una combi.

Paola veía como la combi iba quedando vacía, ella quería pensar que no pasaba nada a pesar de haberse dado cuenta de la turba de pandilleros que había afuera. Ella creía que la combi estaba resguardado por el cobrador y era el lugar más seguro en el que podía estar. En ese momento, vio que un grupo de jóvenes subiría al carro y sus manos temblaron como si la muerte le halla querido dar una sacudida para que reaccione.

Los sujetos se sentaron y empezarona insultar a María. El cobrador, bien, gracias. María quiso bajar de la combi. Definitivamente una mala decisión. Uno de los cobardes, a uno que le decían “Bolon”, quiso jalarle la cartera y la empujó. Tal vez jamás olvidaría ese momento, eso significó años de prisión privado de su libertad.

María yacía tirada en el suelo. Estar ese momento en la combi hubiera sido muy incómodo. Los barristas reaccionaron rápido. No llamaron al 101. “Le metieron primera”, como le dicen. En otras palabras, corrieron como si se tratare de una carrera pedestre. En dos minutos ya no se les divisaba en plena avenida. El cobrador y el chofer estaban espantados. Aun así, no huyeron. Eso sí, no se sabe si se quedaron por la combi o por María.


Las barras bravas son las organizaciones de delincuentes que encuentran en el fútbol una justificación para ejercer actos vandálicos. Estos supuestos seguidores se organizan en diferentes puntos de la capital para dirigirse al estadio donde juega su equipo, causando desorden en las calles. En el camino los barristas roban y asaltan a los transeúntes. No se trata pues de un grupo de disciplinados seguidores que sólo quieren alentar al equipo de sus amores.
Después de diez minutos, en medio del caos vial que suscito la tragedia, llegó el padre con el corazón en la mano. Quizá será difícil expresar con frías palabras negras que es lo que sintió el padre en aquel momento. Lo único con lo que lo relacionaría es con el color negro.
Humberto es el nombre de su padre y es doctor. Valla cosas del destino. Cuándo llegó al lugar aplicó los conocimientos de primeros auxilios que aprendió durante toda su vida. Llegó el reto más difícil, salvar a su hija.
Al día siguiente las primeras planas de diarios limeños solo hablaban del caso. Declaraciones de ministros con las frases clichés: “Es una vergüenza”, “Se deben tomar cartas en el asunto”, “Mis condolencia para la familia. Cero propuestas de solución. Comentarios en todos lados en contra de lo sucedido. Todos vetaron al fútbol. El torneo se suspendió como medida de urgencia aquella vez. Se implementaron medidas contra la delincuencia disfrazada: Empadronamiento de hinchas, resguardo policial en partidos de fútbol, mayor controles de seguridad en los estadios y campañas en los medios de comunicación. Sin embargo, María no se despediría nunca más de sus padres aquella mañana y eso nada ni nadie podrá cambiarlo.