sábado, 1 de diciembre de 2012

La Kina del Perú




Nunca antes una peruana fue campeona mundial de boxeo. Aquel deporte que por prejuicios se considera exclusivo de hombres, se oficializó en 1996. Tuvieron que pasar 13 años para que una compatriota  se suba al podio mundial. Todo un hecho histórico para un país atrasado en el ámbito deportivo. Su nombre es Kina Malpartida y esta es la crónica de lucha de una mujer que grabó el nombre del Perú en la  historia mundial.

Kina Malpartida Dyson nació el 25 de Marzo de 1980 en Lima, Perú. Es la actual campeona mundial de boxeo femenino en la categoría superpluma de la WBO obteniendo este título tras vencer a Maureen Shea. Actualmente ocupa el tercer puesto del ranking de la categoría.

Es hija de Óscar "Chino" Malpartida (ex-campeón peruano de surf) y de la modelo Susy Dyson. De pequeña empezó practicando karate a los seis años pero a los trece dio un giro a su rutina  para probar con el surf, deporte en el que acabó siendo campeona en algunos torneos de las categorías infantiles. Respecto a su vida académica, estudió en el colegio Franklin Delano Roosevelt del distrito de La Molina.

En su infancia y adolescencia vivió en el balneario de Punta Hermosa, al sur de Lima. A los 19 años viajó a Australia donde estudió administración de restaurantes. En ese país, a los 23 años, incursionó en el mundo del boxeo.

En el Madison Square Garden de Nueva York, Estados Unidos, 22 mil 292  personas son testigos de la pelea por el título mundial de boxeo femenino.  En una esquina, la extraña retadora de gran tamaño y de cabellos negros - una de las pocas en todo el estadio-. Los comentaristas logran pronunciar con dificultad: Kina Malpartida. En la otra, la campeona mundial estadounidese alentada por un mar de gente: Maureen Shea. La pelea comienza y el estadio ruge. Aquel día, una peruana domo el león americano y derrumbó a su campeona. Kina Malpartida se coronó campeona mundial.

Era 1999 y en el ámbito mundial del box, el Perú era un desconocido participante más. Mientras, una joven de apellido Malpartida emrumbaba a Australia en busca de sus sueños: Ser chef. Sí, Kina obtuvo el bachillerato de Administración de Restaurantes y Catering en la Griffith University del país de los canguros. Por cosas del destino, ella adquirió la tenacidad y fuerza de estos animales entrenando con un amigo suyo. Fue ahí que decidió dedicarse completamente al box. Y todo el Perú, 13 años después, se lo agradece.

Sin embargo, tratar de conseguir sus metas fue complicado. El box para mujeres no era muy aceptado y tenía poco apoyo. Además, se encontraba sola y la economía la limitaba.  Fue mesera y lavaplatos, entre otras actividades, para pagar el gimnasio y seguir boxeando. A esas alturas ya no tenía dudas, Kina era capaz de soportar todo tipo de penurias con tal de ser la nueva campeona  del mundo.

El día en el que selló su nombre en la historia, llegó. Era el 21 de febrero del 2009 y tenía en frente a un gran rival, pero ella ya se había enfrentado a las rutinas diarias; el público estaba en su contra, pero ella ya había enfrentado la discriminación en los gimnasios; en el primer round  tropezó y cayó, pero se levantó como alguna vez se levantó después de caer en el mundo de la adicción y las drogas. Aquel etapa que dejó atrás con el apoyo de sus padres y su rehabilitación en un centro psiquiátrico, según contó años después en una entrevista para un diario local.(*)

La señal del árbitro indicó el final de la pelea para Shea y el inició de la algarabía de un país que seguía nervioso la pelea. Kina subió a una esquina del ring y, con el título en brazos, alzó la mano para mostrar que ya había alcanzado su sueño: era la campeona.  "Este título es del Perú", fue lo primero que declaró.

Ya defendió el título cinco veces ante retadoras de Brasil, Reino Unido, Estados Unidos, Colombia y Thailandia. También, en símbolo de reconocimiento, ha recibido los Laureles Deportivos del país en el grado de Gran Cruz. Distinción merecida para una mujer que escribió su nombre en la historia mundial y que dejó al Perú en lo más alto. Porque cada vez que recordamos aquella hazaña, podemos pensar que el Perú si  está para grandes cosas. Kina Malpartida es un claro ejemplo de ello.

La boxeadora contó a los medios de comunicación que fue víctima de 'bullying' cuando era niña. Vaya cosas de la vida. Todo esto con referencia a la campaña ¡Alto al bullying! que se hizo en la capital.
'Sé lo que se siente ser maltratada. Me acuerdo que una vez cuando fui a jugar fútbol, otros niños se acercaron para pegarme. Y todo porque eran ‘pitucos’. Además, yo era la única mujer del grupo', comentó 'Dinamita Malpartida' en una entrevista a un diario local.

Además de ser la campeona mundial de boxeo femenino, Kina Malpartida ha decidido lanzar un libro autobiográfico en el cual contará su vida e inicios en el box. De esta forma, la exitosa deportista peruana se inicia en el mundo empresarial con su propia marca, denominada ‘Marca Kina’.

‘Va a ser una especie de biografía visual sobre mi vida en el boxeo, las peleas y cuándo conquisté el titulo. Todos los deportistas que conozco tienen una marca que va con su estilo y esa es mi idea, crear una marca que proyecte lo que quiero demostrar en el futuro’, dijo la boxeadora peruana.

Kina Malpartida además de alcanzar el título más importante del boxeo, ha protagonizado algunos spots publicitarios resaltando su imagen de deportista nacional.


Una mañana cualquiera



Era el domingo 24 de octubre del 2009, aproximadamente las dos de la tarde. Dentro de unas horas se jugaba el clásico del fútbol peruano: Alianza Lima versus Universitario de Deportes. Los barristas enardecidos desfilaban amenazantes por las calles de Lima. Mientras, María Vargas Ortiz se despedía de su familia para reunirse con sus amigas. Un grupo de barristas se dirigen al estadio causando desorden y robos. María Vargas se subió a una couster, y por esas cosas del destino, ellos también. Ella murió arrojada del carro por los delincuentes. Ya no importaba que un balón entre un arco. La fiebre del fútbol acabó con una vida.

No era un domingo cualquiera para María. Ese día vería, después de mucho tiempo, a sus amigos del colegio. Cómplices de travesuras y tareas, María y sus amigas planearon esta reunión desde hace tres meses. Cuándo María se despertó ese día,  tenía el domingo una reunión con sus amigas del colegio.

La despedida con sus padres esa mañana fue tan normal como las puestas de sol que vio María en toda su vida. Eran las 11 de la mañana y debía partir a casa de su amiga, le esperaba un almuerzo con personas que dejó de ver mucho tiempo. Paola siempre fue puntual, según cuentan sus amigos de la universidad.

Aquel domingo se jugaba un clásico lleno de emociones. Los archirrivales se verían una vez más los caras y desatarían una guerra sana con una pelota (esto quedo sobre papel, claro). Desde temprano se podía sentir el ambiente futbolero: Los señores en las esquinas rodeando los puestos de periódicos, conversaciones familiares sobre las preferencias de los equipos, los clásicos almuerzos familiares para disfrutar de un partido que hace vibrar a todo un país.

Paola caminaba a su paradero a tomar la combi que la dirigiría a su destino. Subió con seguridad a una combi. Nunca se lo imagino. Total, lo hacía todos los días para ir a la universidad, a su casa o a cualquier otro lugar, como cualquier otro “buen” limeño. La combi cruzaba el distrito de Ate y María miraba la ventana con tranquilidad. Estaba cerca del lugar fatal momento.

Era cerca de la una de la tarde y el ambiente se encendía más en Lima. De pronto, una turba de jóvenes causan temor en las calles. Cual gorilas salidos de una jaula, los individuos cruzaban gritando aliento a su equipo y corriendo como ardillas. Decidieron tomar una combi.

Paola veía como la combi iba quedando vacía, ella quería pensar que no pasaba nada a pesar de haberse dado cuenta de la turba de pandilleros que había afuera. Ella creía que la combi estaba resguardado por el cobrador y era el lugar más seguro en el que podía estar. En ese momento, vio que un grupo de jóvenes subiría al carro y sus manos temblaron como si la muerte le halla querido dar una sacudida para que reaccione.

Los sujetos se sentaron y empezarona insultar a María. El cobrador, bien, gracias. María quiso bajar de la combi. Definitivamente una mala decisión. Uno de los cobardes, a uno que le decían “Bolon”, quiso jalarle la cartera y la empujó. Tal vez jamás olvidaría ese momento, eso significó años de prisión privado de su libertad.

María yacía tirada en el suelo. Estar ese momento en la combi hubiera sido muy incómodo. Los barristas reaccionaron rápido. No llamaron al 101. “Le metieron primera”, como le dicen. En otras palabras, corrieron como si se tratare de una carrera pedestre. En dos minutos ya no se les divisaba en plena avenida. El cobrador y el chofer estaban espantados. Aun así, no huyeron. Eso sí, no se sabe si se quedaron por la combi o por María.


Las barras bravas son las organizaciones de delincuentes que encuentran en el fútbol una justificación para ejercer actos vandálicos. Estos supuestos seguidores se organizan en diferentes puntos de la capital para dirigirse al estadio donde juega su equipo, causando desorden en las calles. En el camino los barristas roban y asaltan a los transeúntes. No se trata pues de un grupo de disciplinados seguidores que sólo quieren alentar al equipo de sus amores.
Después de diez minutos, en medio del caos vial que suscito la tragedia, llegó el padre con el corazón en la mano. Quizá será difícil expresar con frías palabras negras que es lo que sintió el padre en aquel momento. Lo único con lo que lo relacionaría es con el color negro.
Humberto es el nombre de su padre y es doctor. Valla cosas del destino. Cuándo llegó al lugar aplicó los conocimientos de primeros auxilios que aprendió durante toda su vida. Llegó el reto más difícil, salvar a su hija.
Al día siguiente las primeras planas de diarios limeños solo hablaban del caso. Declaraciones de ministros con las frases clichés: “Es una vergüenza”, “Se deben tomar cartas en el asunto”, “Mis condolencia para la familia. Cero propuestas de solución. Comentarios en todos lados en contra de lo sucedido. Todos vetaron al fútbol. El torneo se suspendió como medida de urgencia aquella vez. Se implementaron medidas contra la delincuencia disfrazada: Empadronamiento de hinchas, resguardo policial en partidos de fútbol, mayor controles de seguridad en los estadios y campañas en los medios de comunicación. Sin embargo, María no se despediría nunca más de sus padres aquella mañana y eso nada ni nadie podrá cambiarlo.






sábado, 10 de noviembre de 2012

Mi escalera de la abstracción



Hoy en día el periodismo se ha banalizado. Se ve todos los días, en la televisión, los periódicos, radio y hasta los medios digitales. La información se está “democratizando”, pero su calidad no mejora. En este punto es necesario aclarar que esta  opinión está libre de generalizaciones. Aún existe el tratamiento informativo cuidadoso y detallista, que da luz a la verdadera esencia de cualquier historia. La escalera de la abstracción, es una herramienta interesante para comenzar a creer que “cualquier insecto es una explicación”.
Es fascinante como detrás de algo aparentemente común o simple puede existir una historia para contar única y brillante. En su exposición, Julio Villanueva, habla de diferentes crónicas que se han publicado en la revista que es editor, etiqueta negra, y explicada una a una como se fueron formando y a lo que se llego.

Es como si nos dejáramos llevar por las generalidades y olvidemos que dentro de ello existe un mundo de cosas que la conforman. Se puede explicar cada hecho, situación o persona mediante la escalera de la abstracción, que consiste en argumentar una actitud con diferentes hechos o situaciones. No basta con decir que es así. Se tiene que explicar porque se dice que es así. Y en este punto es importante poder conocer para contar. No se puede contar algo que no se conoce.
Basta con buscar en cada historia que uno escribe. Poder meterse y vivir con ella. Es así que nadie más que nosotros podrá saber sobre ese tema y así será fácil hacer una escalera de abstracción y, al fin, encontrar que cualquier insecto es una explicación.

sábado, 27 de octubre de 2012

Emma Zunz - Jorge Luis Borges.


Emma Zunz 
(Historia alterada)

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.

Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.
Ante Aarón Loeiventhal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampi-dos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado («He vengado a mi padre y no me podrán castigar...»), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.

Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto contínuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

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Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...





sábado, 6 de octubre de 2012

La Plaza San Martín



En cierta ocasión alguien lo llamó "el mejor alcalde de Lima", y no exageraba. Fue la primera vez que Augusto B. Leguía recibía un elogio justo y merecido; porque en el siglo nadie como él hizo tanto por la ciudad.
Lima fue modernizada mediante la ejecución de obras públicas, financiadas mediante empréstitos y cuyo fin inmediato fue festejar apoteósicamente el Centenario de la Independencia Nacional en 1921,
Así se construyo la Plaza San Martín el 17 de Junio de 1921. Ante el advenimiento del centenario de la Independencia se organiza una comisión para renovarla. Una de las primeras dificultades que encuentra la comisión es la considerable diferencia de niveles que había entre el jirón de la Unión y Carabaya y las calles Faltriquera del Diablo y San Cristóbal del Tren, que no permitían hacer un trazado normal. Para superar ese inconveniente tuvo que hacerse graderías, y como en Lima no había operarios especializados en cantería de granito se contrató picapedreros en La Paz y Arequipa para que labren en las canteras de Amancaes las baldosas para el pavimento y, además, los bloques para los muros y zócalos del contorno.
Es así que la Plaza San Martín es uno de los espacios públicos más representativos de la ciudad de Lima, Perú. Está ubicada en la cuadra 9 de la avenida Colmena en pleno Centro Histórico de Lima dentro del área declarada en 1988 por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Fue construída en homenaje al libertador Don José de San Martín.
La Plaza San Martín, por sus dimensiones, sus ornamentos, mármoles y el conjunto arquitectónico que la circunda, sigue siendo -sobre todo ahora que ha sido debidamente restaurada- una de las mejores de Sudamérica y, acaso, la más bella del país.
En el monumento de la plaza San Martín existe una pequeña llama encima del casco de bronce de una de las figuras. La historia cuenta que el escultor español Mariano Benlliure, autor del proyecto se equivocó al momento de hacer la escultura y en vez de colocar una llama de fuego que simbolice la libertad, colocó al auquénido andino.
Al parecer, el artista confundió y entendió llama “nativa”, por este error de interpretación es que tenemos una curiosidad en esta conocida plaza.
Sin embargo, el arquitecto José Antonio Orrego quién dirigió los trabajos de restauración del monumento cree que el escultor habría colocado a la llama encima del casco para representar el escudo nacional. En el mismo casco están representadas dos cornucopias (cuernos de la abundancia) y la dama 

sábado, 29 de septiembre de 2012


Gian Marco Resucitado
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Yo he sido lo más libre que he podido, me he divertido mucho, he vivido solo desde muy chico. Me lo he tomado todo, me he parrandeado todo.

» ¿Con tu nueva producción Resucitar, te estás reinventando?
Yo viajo mucho y estar lejos de casa es complicado, cada vez que llego o me voy, tengo que empezar de nuevo, tengo que estar con un estado de ánimo arriba y para mí eso es un constante resucitar.
» ¿Luchas contra la melancolía?
La melancolía igual viene conmigo, tengo un hijo de un año y un mes y a Nicole, que tiene 8. La vez pasada ella me pidió que fuera a su partido de básquet y tuve que cancelar mi reunión. Esos momentos no se olvidan.
» ¿En qué momentos crees que has comenzado de nuevo?
Cuando mi carrera se reconoció internacionalmente y ahora. Lo anterior fue el cimiento para producir Resucitar y ahora estoy construyendo encima de eso.
» ¿Prefieres alejarte de la gente para componer?
No, yo no me obligo a componer. No me siento y digo, ahora sí:a escribir!! Lo único que sé es que las canciones existen, en algún lugar, y yo tengo la posibilidad de alcanzarlas.
» ¿Es cierto que la primera vez que cantaste fue en el restaurante barranquino Canta Rana?
En realidad, la primera vez fue en una tratoría. Yo vendía mochilas por Camino Real y siempre andaba con mi guitarra. Una amiga me dijo para trabajar, entonces me pusieron un banquito con un micrófono y comencé a cantar en público.
» ¿Covers?
Sí, claro, covers. Y la gente me dejaba propinas ahí. Luego, me pasaron la voz para ir al Canta Rana todos los martes, donde también cantaban Micky González y Chaqueta Piaggio.
» ¿A veces te aburres de cantar?
No, sería un perfecto imbécil si me cansara de la música.
» Aunque te aburriste de Domitila...
Es que esa fue una concesión que hice con mi carrera. Fue la primera canción que tuve en la radio. Yo venía de cantar nueva trova, Silvio, la Banda de la Cigarra pero hice Domitila.
» ¿Por qué?
Porque la compañía me dijo que si quería que la gente conozca mis canciones primero debía pagar derecho de piso.
» ¿Y te siguen pidiendo esa canción?
Sí, en los conciertos se quedan sin garganta pidiéndola, pero ya no la canto.
» ¿Por qué siempre recurres a los temas de amor?
Es que si me pongo a hablar de una situación política es más complicado. Además mi rubro va más ligado al alma..
» Por ello tal vez tienes más fanáticas que fanáticos. ¿Recuerdas lo más extraño que haya hecho una fan por ti?
Ya me parece descabellado que me vayan a ver, jaja. Tenía un maletín lleno de cadenitas, ositos, nunca me vaya olvidar de la faja que me tiraron en el escenario.
» ¿Qué es lo más difícil de tolerar de la fama?
Yo la detesto. Me gustaría que la gente me reconociera pero por mi trabajo y por mi disco. La fama en sí es complicada.
» Que la gente te persiga, te acose, tener que cuidar tu vida privada...
Más que tener o no una vida privada, me gustaría hacer cosas cotidianas como llevar a mi hija al Parque de Las Leyendas, un domingo por la tarde.
» ¿Extrañas ir a comprar una pasta de dientes?
Bueno, a comprar una pasta de dientes sí voy, tampoco soy Los Beatles. Pero es complicado porque te demoras más de lo normal. El problema es que soy excesivamente sincero y cuando estoy de mal humor pues, no tengo ganas de sonreír, entonces no salgo.
» Siempre has tenido una imagen algo cándida, pero en realidad, ¿qué tan bonachón eres?
De que me gusta ser buena gente con el mundo, me gusta. Disfruto de ser amigable.
» ¿y cuáles son esas otras características que no sacas con frecuencia?
Es que normalmente estoy de buen humor, en casa soy el padre y el esposo más normal del mundo. Si tengo que discutir con mi esposa, nos agarramos a gritos y si no, no.
» ¿Te irritas fácilmente?
Últimamente no, antes sí. Era de los que me bajaba del carro por una discusión.
» Guardas una rebeldía escondida...
Sí, soy rebelde, pero sin hacer daño. Por ejemplo, aunque muchos no lo crean, mi corte de pelo es una rebeldía para mí. En vez de fumarme un troncho me corto el pelo.
» ¿Tus tatuajes también son parte de esa rebeldía?
También, porque son una flagelación al cuerpo. Pero no es una rebeldía mala.
» Tú actuaste en televisión...
Yo he cometido ese error, sí.
»¿Te arrepientes de eso?
No, no me arrepiento, fue un trabajo.
»¿y qué es lo que no te hubiera gustado hacer?
Hace poco me preguntaron qué es lo que más te pesa y dije mis zapatos. Al pasado, pisado. Sí y si te contara mi pasado...
» ¡Qué has hecho!
Yo he sido lo más libre que he podido, me he divertido mucho, he vivido solo desde muy chico. Me lo he tomado todo, me he parrandeado todo. Felizmente que no había Magaly en ese tiempo porque si no, todos hubiésemos terminado fritos. iEra lo máximo!
» ¿y dónde encuentras tus silencios?
En cualquier lugar.
» Incluso acompañado...
Claro, incluso puedo encontrar ese silencio en un concierto, interpretando una canción.
» No eres tan rebelde como imaginaba.
Más que rebelde soy arriesgado. Me gusta arriesgar, obviamente con los pies en la tierra, pero si me das un globo me voy para arriba. 

Semblanza:

Aquella cabeza calva es reconocida por todo el Perú. Esa que para Gianmarco Zignago fue un gesto de rebeldía, ya es algo característico del cantautor peruano caracterizado por su carisma y buen ritmo.
Su madre es la actriz y cantante peruana, Regina Alcover; y su padre, el difunto compositor y cantante peruano Javier Zignago, conocido en el ambiente musical comoJoe Danova. Desde ya se le auguraba por un gran futuro en los escenarios. Él eligió el ambiente musical.

Con sólo doce años de edad cantó por primera vez en el programa Domingos Gigantes de Argentina. La audiencia disfrutó impresionada de un niño de trece años que cantaba una canción de moda titulada "Eva María".

Durante sus años juveniles, Gian Marco participó en una serie de eventos artísticos, cantando y actuando, desarrollando su talento y preparándose para lo que sería después su exitosa carrera profesional.
Años más tarde, guitarra en mano, buscaría en diversos locales de la capital, como la Estación de Barranco, el aplauso y reconocimiento por sus primeras canciones y composiciones. Así se fue consolidando la vena artística que tenía en la sangre

Sus canciones, de las cuales es autor, se han vendido en miles de copias de álbumes. Obtuvo premios como el Grammy Latino en los años 2005 y 2011, y su nombramiento como "Embajador de buena voluntad" por UNICEF son algunos de los reconocimientos obtenidos en sus más de 20 años de trayectoria profesional.
Siempre declaró su rechazo a la fama y asegura que prefiere la tranquilidad con su familia y amigos. Un domingo en casa con sus hijos que no cambiaría por nada y que son momentos únicos.

Al subirse al escenario deja fluir su verdadero ser, al lado de la música encuentra su más profunda sangre y tradición. Ama al Perú y está dispuesto a seguir consiguiendo logros en todo el mundo para nuestro orgullo, como ya lo ha estado haciendo.